viernes, 31 de diciembre de 2010

Cap4

Conclusiones desesperadas
Conclusiones desesperadas
-¿es usted el señor romon monotas?-me decía un hombre de traje enfrente de mi puerta, el error en la pronunciación de mi nombre era evidente debía ser ramón manotas, pero estaba demasiado ensimismado como para corregirlo así que solo moví mi cabeza de forma afirmativa-esto es para usted-estiro su brazo hacia mi entregándome una enorme maleta negra. De nuevo era un robot la acepte de manera automática, no hice preguntas, no firme un papel, solo recibí la maleta, el tipo me dio la espalda y cerré la puerta. Con la maleta en la mano izquierda y las tijeras en la derecha, en ropa interior, y mirando hacia la puerta, petrificado, con la boca abierta, mi cerebro se había detenido y la realidad venia poco a poco acompañado de lagrimas. Deje caer de mis manos lo que tenia y apreté los puños con todas mis fuerzas, ya no sentía miedo, solo dolor, mientras gimoteaba como un bebe el llanto no paraba, mi cuerpo se desplomo de rodillas y empecé a gritar como loco, los vecinos golpeaban las paredes y pedían que callara, pero no hacia caso a sus demandas. Me acerque hasta la puerta y me senté de espaldas a ella mientras seguía llorando, cada sollozo era liberador para mi, me hacia las preguntas existencialistas de siempre pero esta vez no había cerveza y comencé a tener respuestas. Afronte que era un cobarde, que había desperdiciado demasiado tiempo en cosas que no deseaba, que sobrevivía en mi existencia, que no disfrutaba mi vida para nada, una absurda monotonía, un trabajo de ocho horas diarias con una paga mínima que no servía para una mierda, un circulo social lleno de perdedores como yo, y unos hábitos estúpidos aunque hay algunos que no dejaría. Llevaba horas llorando desahogándome continuamente y aun me seguía doliendo que Laura fuese una ilusión, pero ella a pesar de no ser real, había cambiado mi vida en una sola noche de fantasía y había producido el colapso de aquella distorsionada visión que tenia; me levanté de súbito tome las tijeras del suelo y camine decidido hasta el baño nuevamente, la conclusión a la que había llegado era que sin lugar a dudas debía cambiar, deshacerme de todo aquello que no era yo y comenzar de cero. Cortaba mi barba y mi rostro el cual no había visto desnudo desde hace tiempo empezaba a mostrarse, me deje una barba de candado y rape mi cabeza, debía admitir que me veía algo intimidante, pero me gustaba. Después de eso tome un baño, me cambie con la camisa en la que había imaginado a Laura y pasaba mis manos en ella como si realmente hubiera pasado, tratando de encontrar algo que seguro nunca hallaría por que ni siquiera sabia que quería hallar en esas ropas; Salí de mi habitación y llegue hasta el aparador, busque café, mierda que peste muchos de esos ya estaban vencidos. Busqué y busqué hasta encontrar uno bueno, lo tome y lo prepare siguiendo las instrucciones de la caja creo que soy el único idiota que no sabe preparar un puto café instantáneo, empecé a beberlo y me senté en la meza y mirando mi horrendo departamento, mientras lo hacia note algo que no encajaba con lo habitual, la maleta negra, me había olvidado de ella completamente, quien diablos me la pudo haber mandado y si fue Laura y si es real, me puse de pie lo mas rápido posible el café se derramo en la mesa pero me importó una mierda tome la maleta del suelo, la coloque sobre el comedor y la miraba fijamente, era una maleta enorme finísima y no es que yo sepa de estas cosas pero da la casualidad que una de mis clientes tenia una exactamente igual y todo el tiempo me contaba de por que la tenia y montones de pendejadas que al final solo recuerdo que era muy cara y que ella una vez tubo mucho dinero pero quedo en bancarrota por que su marido se lo jugo todo en los casinos y lo único que le había quedado era ese juego de maletas, en fin yo seguía viendo la, tenia un borde rojo de terciopelo alrededor y era de cuero ¿que tendría adentro? La curiosidad me estaba  matando, las manos me sudaban y las frotaba constantemente en el pantalón para secarlas, un escalofrió recorría mi cuerpo y ya era presa del nerviosismo, puse mis manos sobre ella y la comencé a sobar, tenia unas correas que la rodeaban de manera vertical sujetada con broches de bronce, eran 3 en total un diseño bastante seguro como si lo de dentro fuese importante, desbroche el primero, el segundo, el tercero, después de eso había una corredera era lo ultimo que quitar para poder ver en su interior, la abrí lentamente y cuando lo hice no podía creer lo que veía.
Fin Cap4                      

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